Un mundo sin leyes.


Había una vez un hombre que se preguntaba: ¿Cómo sería el mundo sin leyes? Veía cómo las personas siempre buscaban la manera de evadir las normas, como si fueran una carga en lugar de una protección. La idea lo inquietaba.

Una noche, mientras meditaba en su habitación, cerró los ojos y se sumergió en su pensamiento. De pronto, se vio transportado a una realidad distinta, una versión de su mundo donde no existía ninguna ley.

Al principio, sintió una extraña sensación de libertad. No había reglas de tránsito, impuestos ni restricciones de ningún tipo. Pero pronto se dio cuenta de la otra cara de esta aparente libertad.

Las calles estaban en ruinas, los edificios saqueados y la gente vivía con miedo. Sin autoridades ni justicia, el más fuerte imponía su voluntad sobre los demás. Las personas no caminaban tranquilas, sino que corrían, escondiéndose para sobrevivir. El dinero no tenía valor, los alimentos escaseaban y la traición era la norma.

Recordó entonces una película que había visto hace muchos años, donde un mundo sin leyes se había convertido en un caos total. Comprendió que en un lugar así, nadie vivía realmente, solo sobrevivía como podía.

Con el corazón acelerado, abrió los ojos y se encontró de nuevo en su habitación. Todo estaba en calma. Sintiendo un profundo alivio, miró por la ventana y vio la ciudad iluminada, con personas caminando sin temor, con familias cenando en sus hogares.

Por primera vez, comprendió el verdadero valor de las leyes. No estaban allí para limitarnos, sino para protegernos. Y aunque algunos trataran de evadirlas, era gracias a ellas que podía dormir tranquilo cada noche.

Con una sonrisa, se acostó y susurró para sí mismo: "Gracias".

Fin.

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Este cuento tiene derechos reservados.

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