La mejor medicina.
La noche cayó con su manto de estrellas, envolviendo al mundo en un susurro de paz. El protagonista, después de una jornada llena de momentos simples y valiosos, cerró los ojos y respiró profundo. No tenía miedo del olvido ni del recuerdo, porque comprendió que lo único real era el ahora. No necesitaba cargar el peso de lo que fue ni la ansiedad de lo que vendría. Solo quedaba la gratitud. Susurró una última oración antes de entregarse al descanso: "Gracias, Dios, por este día. Por la luz que me despertó, por las risas que compartí, por las pequeñas victorias y por las lecciones silenciosas. Si mañana despierto, recordaré solo lo bueno. Y si no, sabré que viví en paz." Con una sonrisa leve, como quien se despide de un viejo amigo, se dejó llevar por el sueño. Y el universo, en su infinita sabiduría, lo abrazó con ternura. --- Este cuento tiene derechos reservados. Esta obra está bajo licencia CC BY-NC 4.0. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creati...