El Sendero del Discernimiento
En lo alto de una montaña, donde las nubes rozaban las cimas y el viento susurraba antiguos secretos, vivía el Maestro Li, un anciano de sabiduría insondable. Su discípulo, Jun, había llegado hasta él con un solo deseo: aprender a discernir la verdad de la mentira. Una mañana, mientras caminaban por un sendero pedregoso, el Maestro Li señaló dos figuras en la ladera: una liebre y una tortuga. —Observa bien, Jun. ¿Quién crees que ganará una carrera entre ellos? —La liebre, Maestro. Es evidente que es más veloz —respondió Jun con seguridad. El anciano sonrió y con un gesto de su mano señaló la ruta que ambas criaturas seguirían. La liebre, confiada en su velocidad, corrió un buen tramo y, sintiéndose invencible, se detuvo a descansar. La tortuga, sin detenerse y con paso constante, la superó y llegó a la meta primero. —La verdad no siempre es lo que parece a simple vista —dijo el Maestro—. La rapidez no siempre significa victoria, y la constancia puede superar la impaciencia....