Cuando llueve al atardecer.


La lluvia caía suavemente sobre la arena dorada de la playa, dibujando pequeños riachuelos que se deslizaban hasta el mar. El sol, en su despedida, teñía el cielo de tonos naranjas y violetas, como un último suspiro antes de cederle el paso a la noche. Allí, de pie frente a las olas, estaba él… mirando el horizonte con el corazón lleno de recuerdos.

Siempre le había gustado la lluvia. En ella podía esconder sus lágrimas sin que nadie lo notara, como si el cielo llorara con él. Pero ella… ella era el sol. Alegre, ardiente, llena de luz. Cuando estaban juntos, parecían dos mundos opuestos, pero cada vez que sus almas se encontraban, algo mágico sucedía: un arcoíris nacía en sus corazones.

Se conocieron una tarde parecida a esa. Ella había corrido bajo la lluvia con los brazos abiertos, riendo como si cada gota fuera un regalo. Él, en cambio, la había observado en silencio, temiendo que la tormenta apagara su brillo. Pero ella no temía mojarse; al contrario, bailaba con la lluvia, abrazando lo que él siempre había querido evitar.

Con el tiempo, aprendieron a amarse en su diferencia. Él le enseñó a disfrutar de los días grises, y ella le mostró que incluso en la tormenta, podía haber luz. Pero la vida, caprichosa como el viento, los llevó por caminos distintos. Él siguió siendo la lluvia, ella siguió siendo el sol… y los arcoíris dejaron de aparecer.

O eso creyó él.

Esa tarde, mientras la llovizna se mezclaba con el resplandor del ocaso, miró al cielo y vio algo inesperado. Un arcoíris. No solo uno, sino varios, formando un puente de colores sobre el mar. Y en ese momento entendió: su amor nunca se había ido, solo se había transformado.

Quizás sus caminos los habían separado, pero cada arcoíris en el cielo era la prueba de que su historia seguía viva. No solo para ellos, sino para todos los que, al mirar al cielo después de la lluvia, creían en la esperanza de un reencuentro.

Y así, con el corazón en paz, sonrió por primera vez en mucho tiempo. Porque el amor verdadero, aunque cambie de forma, siempre encuentra la manera de volver.


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