El umbral de orion.
El año 2125 marcó un antes y un después para la humanidad. Durante décadas, los científicos habían especulado sobre los portales interdimensionales, pero nadie imaginó que el mayor descubrimiento de la historia sucedería por accidente.
En un laboratorio secreto ubicado en la cara oculta de la Luna, el Dr. Icarus Lemos y su equipo trabajaban en un experimento de manipulación cuántica. Su objetivo era simple en teoría, pero revolucionario en la práctica: crear un pliegue en el espacio-tiempo. Lo que no sabían era que estaban a punto de abrir la primera puerta hacia lo desconocido.
Cuando la máquina de curvatura alcanzó su punto crítico, un resplandor azul llenó la sala y, en el centro del vacío, apareció un vórtice pulsante. No era un simple agujero de gusano; era algo más... algo vivo.
—¿Qué hemos hecho? —susurró el Dr. Lemos.
Antes de que pudieran analizarlo, el portal se expandió y una sombra emergió. No tenía forma definida, solo un contorno vibrante que parecía adaptarse al entorno. No era un ser, no del todo. Era conciencia pura. Algo había cruzado desde el otro lado.
Los sensores se volvieron locos. No detectaban masa, temperatura ni composición química. Sin embargo, una presencia se sentía en el aire, un susurro en la mente de cada científico presente.
—Nos han visto. Ahora, el velo se ha roto.
Las palabras no fueron habladas, sino impresas directamente en sus pensamientos.
El miedo recorrió el cuerpo del Dr. Lemos. ¿Habían traído a un dios? ¿A una pesadilla cósmica? ¿O a un explorador como ellos?
—¿Quién eres? —preguntó con voz temblorosa.
La entidad pareció vibrar y proyectó imágenes en sus mentes. Galaxias naciendo y muriendo. Ciudades flotantes entre nebulosas. Civilizaciones observando el universo desde más allá del tiempo.
—Nosotros hemos estado aquí mucho antes que ustedes. Esperábamos su madurez, pero han abierto la puerta demasiado pronto.
El Dr. Lemos sintió un escalofrío. No estaban preparados.
—¿Qué sucederá ahora?
La entidad guardó silencio por un instante que pareció eterno. Luego, el portal comenzó a cerrarse lentamente.
—Aún son primitivos, pero ya han visto el umbral. Nos volveremos a encontrar cuando su especie esté lista.
Y con un destello final, la grieta en el espacio-tiempo desapareció.
El laboratorio quedó en silencio. Nadie supo cómo explicar lo que había ocurrido, pero todos comprendieron una cosa: no estaban solos en el universo... y nunca lo habían estado.
Fin.
——
Este cuento tiene derechos reservados.
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