Entre dos mundos (capitulo 2)


El tiempo que Eidan pasó con Liah se convirtió en la etapa más valiosa de su vida. No solo encontró en ella un refugio para su alma herida, sino también una compañera de batalla. Él le enseñó a luchar, a blandir una espada contra las criaturas sombrías que acechaban en el mundo que había perdido. Y ella, a cambio, le enseñó algo aún más importante: a no rendirse jamás.

—No importa cuántas veces caigas —le decía Liah, sonriendo con la confianza de quien nunca ha conocido el miedo—. Lo que importa es cuántas veces te levantas.

Juntos enfrentaron feroces monstruos en aquel mundo de sueños y magia. Cuando él dudaba, ella lo animaba a seguir. Cuando él caía, ella le recordaba su verdadero poder.

Pero el destino tenía otros planes.

Una tarde, en medio de una batalla, la voz de Liah tembló.

—Eidan… tengo que irme. Mis padres viajarán lejos y debo acompañarlos.

Por primera vez, el joven sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. Intentó sonreír, fingir que todo estaba bien, pero en el fondo sabía que perderla sería más devastador que cualquier derrota en combate.

—Te estaré esperando —dijo Liah, tocando suavemente su pecho, justo donde latía su corazón—. Y cuando nos volvamos a ver, quiero que seas más fuerte. No por mí, sino por ti.

Y así, con una última mirada llena de promesas, Liah se fue.

Eidan volvió a quedarse solo. La soledad le pesó más que cualquier espada, y la debilidad lo envolvió como una sombra fría. Sin ella, el mundo le parecía más gris, más vacío.

Pero justo cuando estaba a punto de rendirse, recordó su voz.

"No importa cuántas veces caigas… Lo que importa es cuántas veces te levantas."

El eco de esas palabras encendió algo dentro de él. Su verdadera fuerza no venía de su espada, ni de su entrenamiento. Venía de las enseñanzas que Liah había dejado grabadas en su mente y en su corazón.

Y así, con una nueva determinación ardiendo en su alma, Eidan se puso en pie una vez más.

Fin

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Un pez diferente.

El zorro y la luna.

El juego definitivo.